Valencia: El año que las Fallas y la Feria de Julio se compusieron únicamente de novilladas

El año en que sólo se dieron Corridas de novillos en Valencia

Fue un hito. Un acontecimiento que nunca más volvió a repetirse. La Valencia taurina vivió, la temporada que dividió en dos el pasado siglo, al socaire de las novilladas. Hasta una veintena tuvieron lugar en el coso de la Calle de Xàtiva en aquel ya lejano 1950, tres en Fallas y nada menos que seis en la Feria de Julio, dos ciclos que estuvieron compuestos única y exclusivamente aquel curso, por festejos “menores”.

¿El motivo? Una pareja de novilleros que formó collera en el inicio de aquella década, que por sus conceptos, a un tiempo antagónicos y complementarios, fomentaron la rivalidad en el ruedo y generaron ingresos en taquilla, hasta el punto que los aficionados, recién estrenado el postmanoletismo, viraron su atención al escalafón inferior y dejaron orilladas las corridas de toros.

Aquellos dos chavales no eran otros que Julio Aparicio y Miguel Báez “Litri”. Clásico, de poderío gallista uno, de temerario tremendismo el onubense. Entrambos se disputaron las palmas y el cariño de una afición que casi llegó a las manos para defender a sus toreros ante los partidarios de su contrincante.

Cuentan, que el artífice de aquella rivalidad fue el viejo Camará, apoderado de Manolete, y que ya dirigía a Aparicio desde la campaña anterior. Una vez que Litri decidió romper con su hasta entonces mentor, Emilio Fernández, Camará pasó a dirigir la carrera del torero oriundo de Huelva, aunque nacido en Gandía, y aparcó los planes de alternativa que tenía para Aparicio, con la intención de que ambos se dieran la vuelta a España compitiendo y rivalizando de tú a tú delante de los utreros.

Así, los dos novilleros participaron en las tres novilladas que dieron forma a la Feria de Fallas, los días 17, 18 y 19 de marzo, cada uno de los días acompañados por un torero local que remató el cartel (Félix Guillén, Enrique Vera y el cordobés Lagartijo, sobrino de Manolete). Guillén se fue por delante el primer día pero Aparicio y Litri respondieron a la expectación las dos tardes posteriores con corte de orejas y rabos incluidos.

Cartel Feria de Julio de Valencia 1950
Imagen Todocolección. Cartel de toros de la Feria de Julio de Valencia 1950
Cartel feria de Julio 1950 Valencia
Imagen Todocolección. Cartel de toros de la Feria de Julio de Valencia 1950

Después de volver a actuar juntos en la misma plaza en el mes de mayo, Aparicio y Litri coincidieron en las seis novilladas de las que estuvo compuesta la Feria de Julio. Seis tardes seguidas haciendo el paseíllo juntos en la misma plaza, la última, además, mano a mano. Entre el 24 y el 29 de julio lidiaron animales de distintas ganaderías y encastes (Manolo González, Samuel Flores, Atanasio, Arturo Cobaleda, Carlos Núñez…) unos días fue Litri quien se llevó el gato al agua, otras tardes fue Aparicio el vencedor de la contienda… hasta llegar al último día del abono, donde ambos salieron triunfantes aunque se impusiera Litri en el balance numérico, después de pasear seis orejas y dos rabos.

No sólo en Valencia. También la temporada española celebró aquel año de 1950 más novilladas que corridas de toros. Hasta 303 se organizaron aquella campaña, más del doble de corridas de toros (145). La pasión novilleril fue tal que, no sólo en Valencia, sino en plazas como Las Ventas, Sevilla o Málaga también se programaron más novilladas que corridas. En la plaza de Las Ventas se celebraron doce corridas frente a casi cuarenta novilladas. Fue Barcelona la única de las grandes capitales que remó contra corriente, con 39 corridas y 19 novilladas programadas en su Monumental.

Julio Aparicio y Miguel Báez “Litri”
Imagen levante-emv.com - Julio Aparicio y Miguel Báez “Litri”

Lógicamente, la alternativa de los dos fenómenos no podía tener otro escenario que el coso de Monleón. Y el 12 de octubre, Valencia programó la única corrida de toros de su temporada (Si, la única) para convertir en matadores de toros a Aparicio y a Litri. El cartel fue muy original y forma parte de la historia del toreo, pues para no poner a uno por delante del otro en el orden de lidia, ambos nombres se cruzaron en aspa debajo del padrino de ambas ceremonias, que fue aquel impar artista llamado Joaquín Rodríguez y apodado “Cagancho”.

A pesar de que Aparicio tenía más antigüedad novilleril que Litri y según el reglamento debía recibir la alternativa en primer lugar, se hizo un sorteo a las doce del mediodía que dictaminó que sería el propio Aparicio quien iría por delante en el cartel. El festejo, celebrado naturalmente a plaza llena, resultó un completo éxito. Aparicio cortó cuatro orejas por tres de Litri de una buena corrida “murubeña” de Urquijo, y ambos salieron por la Puerta Grande junto con miles de aficionados enfervorizados. La pasión volvió a desbordarse en la ciudad del Turia y La Tauromaquia fue, de nuevo, el salvoconducto hacia la plenitud y felicidad de cada uno de los presentes.

José Miguel Arruego

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