Reseña Valencia – 14 marzo 2026
El regreso del valor: Navalón se consagra en la plaza de Valencia
Imágenes: Espacios Nautalia 360
Nos lo cuenta: Pedro del Ruiz. Crítico taurino
Samuel Navalón. En su esperada reaparición tras el grave percance sufrido en Algemesí, el torero valenciano firmó una actuación de gran rotundidad que le permitió cortar una oreja a cada toro de su lote y salir a hombros por la Puerta Grande. Junto a él, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey dejaron muestras de su concepto y oficio en una corrida que combinó técnica, riesgo y simbolismo.
La Plaza de Toros de Valencia volvió a vivir una de esas tardes en las que la tauromaquia se funde con el pulso cultural de la ciudad. La Feria de Fallas posee una personalidad singular dentro del calendario taurino español: no es únicamente el comienzo simbólico de la temporada grande, sino también un espejo donde se refleja la relación histórica entre el pueblo valenciano y el rito taurino. En los tendidos se mezclaban aficionados veteranos, jóvenes curiosos y ese público festero propio de marzo que llena la plaza con la misma naturalidad con la que la ciudad se entrega al fuego de las fallas.
El lleno absoluto otorgaba a la corrida un aire solemne. No es frecuente que una plaza de primera categoría presente ese aspecto de expectación semanas antes del festejo, pero la combinación de dos figuras consolidadas con un torero valenciano que regresaba a los ruedos había despertado un interés especial. La ovación que recibieron los tres diestros antes incluso de comenzar el paseíllo fue un gesto que recordaba las antiguas cortesías de la plaza, cuando el público reconocía anticipadamente el compromiso de quienes iban a enfrentarse al toro.
La corrida ofreció además un elemento esencial para comprender la lidia contemporánea: la presencia de un encaste que en los últimos años ha marcado buena parte del rumbo ganadero actual. Los toros, bien presentados y con ese perfil armónico que caracteriza a determinadas líneas modernas de la cabaña brava, mostraron una variedad de comportamientos que obligó a los toreros a desplegar recursos distintos en cada momento de la lidia.
Alejandro Talavante abrió plaza con el sello personal que ha definido su trayectoria. Desde su alternativa, el torero extremeño ha buscado siempre un espacio propio dentro del toreo moderno, una vía que combina intuición, imaginación y un cierto alejamiento de los cánones más ortodoxos. Su tauromaquia tiene algo de improvisación artística, como si cada muletazo surgiera de una inspiración momentánea más que de una estructura premeditada.
En su primer toro aparecieron algunos pasajes de gran expresión estética. Hubo naturales de trazo limpio, templados, donde la muleta parecía deslizarse con suavidad por la embestida. Sin embargo, la faena nunca llegó a adquirir una arquitectura sólida. El toro marcaba querencias y el torero optó por acompañar ese comportamiento en lugar de imponerle una dirección más clara. El resultado fue una obra fragmentaria, compuesta por momentos sueltos que el público celebró pero que no terminaron de construir una faena redonda.
En el segundo de su lote Talavante insistió en ese concepto tan suyo, donde el toreo se convierte en una especie de ejercicio creativo. Aparecieron detalles de inspiración, muletazos de cierta belleza plástica y alguna secuencia que recordó al Talavante más imaginativo. Pero la obra se prolongó demasiado y perdió intensidad a medida que avanzaba el trasteo. La falta de contundencia con la espada terminó por diluir cualquier posibilidad de premio.
Andrés Roca Rey compareció después con la personalidad que lo ha convertido en una de las figuras dominantes del toreo actual. Su concepto se basa en tres pilares fundamentales: valor, mando y una capacidad extraordinaria para conectar con los tendidos. Desde los primeros compases dejó claro que buscaba imponer su autoridad frente a un toro que exigía cuidado en la conducción de la embestida.
El peruano estructuró su faena sobre la base del dominio técnico. Bajó la mano, llevó al toro largo por los vuelos de la muleta y logró someterlo por momentos con muletazos de notable firmeza. Hubo una serie al natural especialmente lograda, en la que la embestida quedó templada y profunda, despertando el entusiasmo de los aficionados más atentos.
Como es habitual en su tauromaquia, el tramo final de la faena se orientó hacia el terreno de las cercanías. Allí, donde el riesgo se hace visible, Roca Rey encuentra a menudo la conexión más directa con el público. La emoción creció en los tendidos mientras el torero se arrimaba cada vez más a los pitones. Sin embargo, el fallo con el acero privó a la faena de un desenlace acorde con su intensidad.
El segundo toro de su lote presentó menos posibilidades. El diestro mantuvo su actitud firme y trató de sostener el interés de la lidia, pero el animal nunca terminó de entregarse plenamente. Fue una actuación marcada más por la perseverancia que por la inspiración.
La dimensión verdaderamente emocional de la tarde llegó con la actuación de Samuel Navalón. El joven torero valenciano regresaba a la plaza tras haber sufrido un percance grave meses atrás, y ese contexto añadía una profundidad especial a su presencia en el ruedo. La tauromaquia siempre ha sido también un relato de superación personal, y la reaparición de un torero después de haber mirado de cerca el peligro posee un significado particular para el aficionado.
Desde el primer momento Navalón mostró una actitud decidida. En su primer toro construyó una faena basada en el temple y la ligazón. Por el pitón derecho surgieron las series más logradas, muletazos largos y profundos que revelaban una comprensión clara de las condiciones del animal. El joven torero supo administrar los tiempos del trasteo y llevar la faena hacia un final de mayor intensidad.
Hubo momentos de auténtica conexión con los tendidos, especialmente cuando acortó distancias y remató la obra con un desplante cargado de simbolismo. El público respondió con entusiasmo y el premio llegó tras una estocada eficaz que puso en sus manos la primera oreja de la tarde.
El toro que cerraba la corrida permitió al valenciano redondear su actuación. El inicio de faena, rodillas en tierra, encendió de inmediato la emoción en la plaza. A partir de ahí Navalón fue construyendo un trasteo cada vez más sólido, basado en el temple y la naturalidad.
El toro embestía con clase y el torero lo entendió con claridad. Aparecieron muletazos de gran cadencia, ligados con armonía por ambos pitones. Hubo momentos en los que la plaza quedó sumida en ese silencio expectante que sólo se produce cuando el toreo alcanza su dimensión más auténtica.
El fallo previo con la espada evitó un premio mayor, pero no impidió que el público reconociera la dimensión de la actuación. La segunda oreja aseguró una salida a hombros que tuvo un profundo significado para el torero y para la afición valenciana.
La corrida dejó una reflexión interesante sobre el momento actual de la tauromaquia. Las figuras demostraron su oficio y su capacidad para sostener el interés del espectáculo, pero la emoción más intensa surgió de la entrega de un torero joven que regresaba con la determinación de abrirse camino.
La plaza de Valencia, que a lo largo de su historia ha sido escenario de tantas tardes memorables, volvió a ofrecer una de esas jornadas en las que el toreo se convierte en algo más que una sucesión de suertes. Fue una tarde donde se mezclaron técnica, emoción y ese componente humano que siempre ha formado parte del arte taurino.
Cuando el joven torero cruzó la puerta grande llevado en volandas por sus paisanos, quedó la sensación de haber asistido a una de esas tardes que marcan el inicio de una trayectoria. En el fondo, la historia de la tauromaquia se escribe precisamente así: con toreros que encuentran en una plaza y en un día concreto el momento en que su nombre empieza a formar parte del relato del toreo.
Ficha del festejo
Plaza de Toros de Valencia
No hay Billetes
Ganadería
Victoriano del Río
Alejandro Talavante
Mostaza, oro y azabache. Silencio, 2 avisos silencio
Roca Rey
Azul celeste y oro. Saludos (2 avisos), Silencio
Samuel Navalón
Blanco y oro. Oreja, oreja. Sale por la Puerta Grande
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Imágenes: Espacios Nautalia 360
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